Tengo una confesión que hacer…
Al principio todo era perfecto.
Yo, creativo hambriento de recursos.
Tú, un banco de imágenes lleno de promesas.
Todo era nuevo, fácil, rápido.
Solo con escribir “gente feliz trabajando” ya me dabas cientos de resultados. Sonrisas. Posturas naturales (bueno, casi). Diversidad (bueno, más o menos). Y yo, engatusado por tu saber hacer.
Pero los años pasan. Y como en toda relación larga… empiezas a ver las grietas.
Ya no me das lo que necesito
Al principio me parecías increíble. Todas las fotos que me ofrecías, la cantidad de imágenes, vectores, ilustraciones… me ayudaban en mi día a día.
Sin duda, mejoraba mi trabajo, era más rápido, eficaz y mejor en todos los sentidos.
Pero ahora… tengo un cliente que quiere más.
Más autenticidad, más variedad, más creatividad.
Y tú me sigues dando las mismas tres caras (aunque nos diste a Ariane, te lo reconozco), los mismos fondos blancos y esas sonrisas que, en palabras de Paquita Salas: no son de felicidad; son de miedo.
Y si por algún casual sigues pensando que siempre me diste lo que necesitaba…
¿Recuerdas aquella vez que te pedí una “sombrilla haciendo sombra en una toalla de playa” y me obsequiaste con un palo? ¡UN PALO!

Creo que te lo puse fácil: Una sombrilla haciendo sombra. Groundbreaking.
¿O aquella otra en la que quería tan solo a un chico “joven saltando en su cama” y no me diste a un joven, ni saltando, ni una cama? Muy majo el señor, pero…

Entonces, apareció ella: la IA
No lo estaba buscando, lo juro. Ya sabes que yo no soy muy de ellas.
Solo probé Midjourney por curiosidad, porque en esta nueva revolución tecnológica, si no sabes de IA, te quedas atrás.
Fueron las exigencias del mercado, la presión social, ¡las ilustraciones de Studio Ghibli!
Y caí.
Unas imágenes por aquí, un par de prompts por allá. Y de repente:
- Me sentí escuchado.
- Me daba justo lo que le pedía.
- Era rápida y efectiva.
- Se adaptaba a mi estilo.
- Y no me juzgaba cuando escribí el prompt “persona no binaria sentada sobre un chaise longue de cristal con estética vaporwave”.
Me daba cosas que tú jamás me diste.
Hice la prueba y le pedí lo mismo que a ti: una sombrilla y un joven.
Y me ofreció un mundo de posibilidades en apenas 10 segundos.

¿Qué quieres que te diga?
Me hizo sentir creativo otra vez.
Ahora tú también quieres ser IA…
Estuviste ahí muy rápido, no te lo voy a negar. Te pusiste interesante. Lanzaste una sección premium con imágenes generadas por IA. “Más realistas”, “más modernas”, “más más”. Pero claro… a qué precio.
¿Me estás diciendo que para conseguir algo decente tengo que pagar un extra? ¿Que lo básico ya no basta? No quiero empezar a discutir, pero me parece una forma muy elegante de decirme: “Tenías razón, ya no soy suficiente”.
Y mientras tú cobras por reinventarte… La IA ya me lo da todo, con un precio súper competitivo.
Personalizado. Sin drama. Y en alta resolución.
Y lo de los vídeos…
No te voy a quitar mérito: tienes clips de gente corriendo por oficinas, manos escribiendo en pizarras y planos de dron sobre el mismísimo San Vicente de la Barquera.
Tienes “empresario con barba mirando gráficos en pantalla futurista”. Doscientos cuarenta y cinco videos concretamente. Pero cuando quiero algo que encaje con mi marca, con mi estilo, con mi mensaje… eso no lo tienes.
Mientras tanto, la IA ya está rodando pelis enteras en mi cabeza. Modelos como Sora o VEO 3 no solo generan imágenes en movimiento: crean mundos, atmósferas, emociones. Les digo: “un par de gatitos superhéroes dispuestos a salvar al planeta de un malvado capibara que quiere destruirlo” y me lo dan… en 24 segundos y sin que nadie se haya despeinado.
Lo siento, pero la historia se repite.
Otro formato, los mismos problemas.
¿Y si apostamos por una relación abierta?
No digo que ya no te quiera. Sigues siendo útil. Me has sacado de muchos apuros.
Pero si quiero construir algo especial, algo que me represente, que emocione, que sea diferente…
Quizá necesito algo más. Quizá no se trata de dejar a nadie.
No hay que elegir entre tú o la IA, como si esto fuera un ultimátum creativo.
A lo mejor la solución está en abrir la relación.
- Para crear y experimentar, para ir más allá: IA.
- Para contar algo real, con alma: producción propia.
- Para salir del paso (ojo, lo cotidiano sigue siendo bello): banco de imágenes.
El secreto está en fluir. Y en no casarse con nada… salvo con las buenas ideas.
No hay una sola forma correcta. Solo marcas que saben adaptarse.
Bienvenidos a la era del poliamor creativo.