Si uno lee el informe “State of the Digital Decade 2025: Keep building the EU’s sovereignty and digital future” de la Comisión Europea, que marca el ecuador de la Década Digital y ofrece una radiografía de los avances, retos y oportunidades de cara a 2030, bien podría llegar a la conclusión de que Europa está liderando el mundo en materia digital.
Y si, además, se lee a continuación el informe sobre España pues llegar a pensar que nuestro país está encabezando este liderazgo, lo que ha llevado al propio Ministerio de Transformación Digital de nuestro país a escribir notas y comunicados encabezados por esta expresión: “España consolida su liderazgo digital en Europa, según el Informe del Estado de la Década Digital 2025”. Mucho me temo que esta visión no se corresponde con la realidad de nuestras organizaciones y nuestra sociedad.
La Década Digital: Soberanía, competitividad y resiliencia
“La digitalización es el motor clave para que Europa siga siendo competitiva, resiliente y autónoma en un mundo cada vez más volátil. La Unión Europea, a través del Programa de Políticas de la Década Digital (DDPP), ha establecido un marco estratégico y vinculante para coordinar los esfuerzos de los Estados miembros. El objetivo es claro: reducir dependencias, reforzar la soberanía tecnológica y asegurar que la transformación digital beneficie a todos los ciudadanos y empresas”. Esto es lo que dice el informe, pero también crecen las voces que consideran que la digitalización no está aportando tanto como se pensaba inicialmente a la creación de riqueza y al bienestar.
“La revolución de la inteligencia artificial (IA) está en pleno auge. En 2025, la IA ya está transformando sectores como la industria, la movilidad, la salud y la sostenibilidad ambiental. Pero el reto no es solo tecnológico: también es político y social. Europa aspira a ser líder en IA, lo que requiere infraestructuras digitales avanzadas, talento especializado, marcos éticos robustos y una gobernanza democrática que garantice el uso responsable de estas tecnologías”. A estas alturas ya sabemos que este modelo europeo de impulso de la IA se está quedando detrás de los dos grandes espacios con los que competimos (Asia y Estados Unidos), pero de eso curiosamente poco se dice en el informe.
Luces y sombras en el avance digital europeo
El informe señala avances notables en áreas como la cobertura básica de 5G, los servicios de salud digital y la implantación de nodos edge, pero también identifica retrasos preocupantes en ámbitos fundamentales: IA, cloud, analítica de datos y, especialmente, en la formación de especialistas TIC y habilidades digitales básicas. La brecha de talento y la fragmentación regulatoria siguen siendo grandes obstáculos para la competitividad y la innovación europea.
Inversión, colaboración y gobernanza: claves para 2030
«La UE y los Estados miembros han movilizado inversiones históricas, con cerca de 289.000 millones de euros comprometidos hasta la fecha. Sin embargo, el informe advierte que el ritmo de inversión, tanto pública como privada, no es suficiente para alcanzar los objetivos de 2030. Se estima que Europa necesitará entre 212.000 y 380.000 millones de euros anuales en innovación digital de alto nivel, lo que exige movilizar más capital privado, reforzar la Unión de Mercados de Capitales y simplificar el acceso a la financiación para startups y pymes tecnológicas”. Particularmente no estoy seguro de que esta ingente inversión esté sirviendo para los objetivos que se persiguen que no debería basarse en criterios estrictamente tecnológicos sino económicos y sociales: ¿Creamos más riqueza gracias a estos procesos? ¿Generamos más bienestar? ¿Los europeos van a vivir mejor?
El informe también señala que “la colaboración multinacional es otro pilar esencial según el informe. Iniciativas como los Consorcios Europeos de Infraestructura Digital (EDICs) y los Proyectos Importantes de Interés Común Europeo (IPCEIs) están permitiendo abordar retos que ningún país podría afrontar en solitario, desde la IA hasta los semiconductores o la ciberseguridad. La gobernanza compartida, con plataformas como la Junta de la Década Digital y el Acelerador de Buenas Prácticas, está facilitando el intercambio de experiencias y el alineamiento de estrategias nacionales”.
Reducir dependencias y fortalecer la autonomía estratégica
“Europa sigue siendo dependiente de proveedores extranjeros en áreas críticas como semiconductores, cloud, IA y ciberseguridad. El informe subraya la urgencia de desarrollar capacidades propias, diversificar las cadenas de suministro y aprovechar el potencial del software abierto como vía para la soberanía tecnológica. Además, la integración de la dimensión digital en la defensa y la seguridad es ya una realidad, con inversiones en IA, cuántica y comunicaciones seguras que refuerzan tanto la autonomía como la capacidad de respuesta ante amenazas emergentes”.
El caso de España: liderazgo en infraestructuras y retos en adopción empresarial
“España destaca en el informe por su robusta infraestructura digital, superando la media europea en cobertura de fibra (FTTP) y 5G, y mostrando un fuerte compromiso presupuestario: el 26% de su plan de recuperación y el 14% de su política de cohesión están orientados a la digitalización”.
“Entre los logros más notables, España ha avanzado en la digitalización de los servicios públicos para la ciudadanía y el acceso a la e-Salud, además de liderar iniciativas de ciberseguridad”. Es difícil siendo ciudadano español que podamos estar de acuerdo con esta aseveración, teniendo en cuenta las graves deficiencias que todos podemos observar cuando nos enfrentamos a las plataformas de servicios públicos como la Seguridad Social, el SEPE o RENFE
“El país ha sido pionero en lanzar un sandbox regulatorio para IA de alto riesgo y en publicar modelos de IA generativa de código abierto entrenados en español y lenguas cooficiales, reforzando así su apuesta por la soberanía digital”. No creo que haya un sólo experto en IA en nuestro país que esté de acuerdo con que esto tenga relevancia alguna para los objetivos finales de la transformación digital del país.
“El PERTE Chip, con 12.250 millones de euros hasta 2027, posiciona a España como actor clave en microelectrónica y semiconductores, mientras que la Estrategia Nacional de Tecnologías Cuánticas y proyectos como Quantum Spain demuestran su apuesta por tecnologías emergentes. En cuanto a talento, el Plan Nacional de Competencias Digitales y programas de atracción de talento TIC buscan cerrar la brecha de especialistas, aunque el reto persiste, especialmente en el ámbito de las pymes y la adopción de IA”. Buena parte de los proyectos que se anuncian y que sirven para hacer los informes acaban teniendo enormes dificultades, no se ejecutan o simplemente se desvían de sus objetivos porque no están bien construidos ni desarrollados. Programas como el KIT Digital están demostrando que a veces no tiene ningún sentido gastar semejantes cantidades dinero en cosas que no están sirviendo para la transformación digital de las empresas.
«España también es referente en la promoción de derechos digitales, con más de 100 iniciativas en marcha y un observatorio dedicado. Sin embargo, el informe recomienda acelerar la adopción de IA en empresas, aumentar el número de especialistas TIC, mejorar la cuantificación del impacto verde de las tecnologías digitales y seguir facilitando el acceso a la financiación para startups y scaleups.
En conclusión, si bien España ha logrado avances significativos en infraestructura digital, persisten desafíos estructurales profundos que el optimismo del informe europeo puede estar minimizando. La desconexión entre capacidad tecnológica y adopción empresarial real, especialmente en el crucial segmento de las pymes, sugiere más bien algo que el informe ni por asomo se atreve a aventurar: que el modelo español de digitalización está en una encrucijada”.
Sin abordar de manera integral los problemas de financiación, talento, cultura empresarial y complejidad administrativa, España podría encontrarse en una situación paradójica: liderar en indicadores de infraestructura mientras se queda atrás en competitividad empresarial real.